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Gracias, Emilia Macaya

Verónica Ríos · 07/10/2021

Este año se celebra el bicentenario de la independencia de Centroamérica, es decir, la región conocida durante la época colonial como la Capitanía General de Guatemala, compuesta por Chiapas, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. Ahora bien, la independencia como tal en esta región, no supuso un proceso tan arduo, lleno de batallas innumerables, héroes y heroínas como en otras partes de América Latina. Eso significó que, décadas más tarde, durante el proceso de construcción de los Estados-nación, no se podía instrumentalizar la independencia en términos gloriosos u épicos.

En el caso de Costa Rica, hacia finales del siglo XIX, con esos propósitos de establecer una narrativa de origen se echó mano de la Campaña Nacional contra William Walker y los filibusteros (1856-1857). Dicha campaña fue defensiva, pues el objetivo consistió en proteger la soberanía centroamericana del intento anexionista de Walker, quien se había autoproclamado Presidente de Nicaragua. Por tanto, el esfuerzo militar costarricense supuso el desplazamiento de los soldados de sus lugares de habitación al país vecino.

Curiosamente, pese a ser la única campaña militar costarricense (o tal vez por eso), no ha sido fuente constante de inspiración ni de subversión literaria ante la historia nacional. Es más, el mini boom recién de textos literarios alusivos que inició en este siglo XXI, en vez de alimentar la especulación, más bien ha girado en torno a reconstruir la verdad con mayúscula y negrita del presidente de Costa Rica y líder del esfuerzo centroamericano, Juan Rafael Mora Porras. Los textos literarios se aferran a guiones históricos, ya sea para respaldar la concepción de un mandatario en sincronía con las luchas del pueblo o para marcar la vulnerabilidad del mandatario como ser humano. Se trata de una tendencia literaria a contracorriente de lo que sucede en el ámbito de la novela histórica contemporánea en América Latina, mucho más abierta al componente lúdico y especulativo para reescribir y reinventar figuras heroicas masculinas a la luz de un presente no menos complejo.

Dicho esto, paulatinamente se ha ido perfilando una veta centrada en imaginar las vidas de las mujeres cuyos maridos, padres y hermanos se fueron a la guerra. Específicamente en el caso de la narrativa, quisiera destacar el cuentario Costarriqueñas del 56 (1956) de Carlos Luis Sáenz, escritor comunista que explora en esos relatos cortos los afectos y pesares de las mujeres, madres y esposas que ven partir y/o regresar a su ser querido; y los primeros dos capítulos de la novela La ruta de las esferas (2007) de Dorelia Barahona, en los que se escuchan las voces de mujeres clave –ficticias e históricas- de la Campaña de 1856-1857.

Trece años más tarde, esa chispa de la imaginación la retoma Emilia Macaya, miembro de la Academia Costarricense de la Lengua, en su novela Más allá del río (2020), la cual ganó el premio nacional Aquileo Echeverría en la categoría de novela. Esta es una novela que, si bien no altera los hechos históricos, subraya la especulación que rodea el por qué de estos gracias a su tinte de ciencia ficción, los cuchicheos que trascienden décadas y cartas íntimas conservadas en alcanfor. Se crea así, desde la historia de mujeres poderosas y menos poderosas, una sociabilidad decimonónica apasionante y juguetona.

En suma, la publicación de la novela de Macaya no podría ser más pertinente; pues estas fechas de celebración nacional y regional, solo resultan válidas en tanto abran el espacio para reflexionar y para escuchar otras voces. Eso es justamente lo que provoca Más allá del río al resignificar la invisibilidad de las mujeres de ese periodo histórico.

Yendo más lejos, ojalá que esos espacios en blanco ligados a los ausentes de las historias nacionales, sigan alimentando ficciones históricas especulativas en las literaturas centroamericanas. Ojalá que más textos sedientes por irrespetar guiones históricos per circulen y se lean en este bicentenario. Con suerte, eso nos ayude a dejar de invertir energía restaurando el pasado (sea cual sea la versión que se busca implantar) y a entender que la literatura es una fabulosa aliada de juegos y experimentación de futuros posibles.