Agudos, irónicos, profundamente críticos e irreverentemente cachondos (esa veta tan latinoamericana del erotismo), los cuentos aquí reunidos exploran formas del deseo lésbico, que son a la vez formas de amistad, de amor, de diálogo y de tensiones en una Venezuela en crisis. En ellos se cruzan la pasión política y la pasión por los cuerpos femeninos, ambas en busca de una libertad que el contexto, marcado por la intolerancia, los prejuicios y el autoritarismo, se encargan de condenar. Los personajes se encuentran y desencuentran, dentro y fuera de la cama, como en una danza —de a ratos luminosa, de a ratos dolorosa y nostálgica— que hipnotiza a quien se acerca a El deseo es un piano invisible. La música-otra de las pasiones de Gisela Kozak- acompaña estos relatos escritos para estremecer, para reflexionar, pero sobre todo para gozar, por una de las intelectuales más lúcidas y provocadoras de nuestra generación.