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Hablemos, escritoras.

Época de cerezos.

Episodio 298 Reseñas

01/03/2022 | Hablemos escritoras · Francesca Dennstedt

Creíamos en la plusvalía de esa palabra con la que nos venden la modernidad a quienes no nos acostumbramos a ver el paso del tiempo en los ladrillos de nuestras casas"

Hoy los invitamos a escuchar sobre Época de cerezos (Paraiso Perdido, 2019) de la escritora mexicana Laura Baeza, un libro de cuentos cuyo hilo conductor es el desastre nuclear que devela la violencia sistémica que se vive en una zona imaginada del sur de México. La lectura es por Fran Dennstedt, profesora e investigadora en literatura latinoamericana en Southern Illinois University-Carbondale. Escuchen y lean todo el texto, aquí en Hablemos, escritoras, somo #curadoresliterarios.


Un desastre nuclear en una ciudad imaginada al sur de México altera la vida de los personajes en los cuentos reunidos en Época de cerezos (Paraíso perdido 2019) de la escritora Laura Baeza.  Nacida en Campeche en 1988, se ha destacado como escritora en el género del cuento y ha recibido diversos premios como el Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri con su libro Ensayo de Orquesta (FETA 2017) y el Premio Nacional de Narrativa Gerardo Cornejo precisamente con Época de cerezos.  Recientemente ha publicado su primera novela, Niebla ardiente (Alfaguara 2021), donde habla sobre las relaciones familiares, la culpa y el perdón teniendo como tela de fondo las desapariciones y los feminicidios que se viven en el país. Además de escribir ficción, se dedica a la creación de contenidos y al trabajo editorial.

Ya la escritora mexicana Lola Ancira ha señalado que Época de cerezos es un libro que se une a la tradición literaria que narra desastres nucleares que pueden o no ser imaginados. Pensar en estos tipos de desastres para el caso mexicano no es fortuito, si tomamos en cuenta que en México existe una planta nuclear que contiene dos reactores que producen alrededor del cuatro por ciento de la electricidad en el país, misma que, de acuerdo a la Comisión Federal de Electricidad, se evalúa en la actualidad. Tomando como punto de partida la existencia de dicha planta y la desconfianza en el manejo de la energía nuclear que ya desde los años ochenta grupos antinucleares en el país han manifestado, Baeza se imagina una ciudad que se ve completamente alterada por la presencia de esta industria, para de ahí develar muchos otros matices de la violencia sistémica que se vive en ese país imaginado.

El libro reúne diez cuentos cuyo hilo conductor es la explosión de uno de los reactores de una planta que ocasiona un desastre nuclear que nunca queda del todo esclarecido. A veces, las historias sugieren que la magnitud del desastre no es tan grande; en otras, es imposible elucidar las consecuencias de dicho acontecimiento. La mayoría de los personajes que en ellas intervienen sugieren que no se trata simplemente de un desastre nuclear sino del régimen neoliberal que llega a alterar la vida del lugar que habitan:

Las tragedias de terremotos que miraba en la televisión siempre me parecieron lejanas, imposibles, hasta que sucedió esa a unas cuadras de mi casa. Los noticieros locales se encargaron de echarle la culpa a la central nuclear…Ningún programa se atrevió a mencionar la pésima constructora y sus alianzas fraudulentas con el gobierno con inmuebles de mala calidad” (40).

Como la cita muestra, Época de cerezos a través de la ficción, explora la dimensión descontrolada y contradictoria de nuestro tiempo—aquella que la filósofa transfeminista Sayak Valencia ha llamado “capitalismo gore.” Este término, evidencia el precio alto que paga el tercer mundo por seguir las lógicas del capital frecuentemente mezcladas con el crimen organizado, los usos predatorios de los cuerpos y el extractivismo de los recursos naturales.  

“Cacería de erratas” es un buen ejemplo sobre la relación entre crimen organizado y los usos predatorios de cuerpos, en este caso, un cuerpo racializado. El libro cuenta la historia de un migrante centroamericano que se queda en México con la esperanza de encontrar mejores oportunidades laborales y de poder estudiar. La realidad es que el trabajo es bastante precario y termina trabajando para el narco. Aficionado a la lectura, el personaje se entretiene buscando erratas en los libros que devora mientras vigila a una persona secuestrada. El gesto irónico implícito en el título del relato, se hace más fuerte cuando el lector se da cuenta de que el hombre secuestrado no saldrá de su encierro con vida y el migrante no encontrará otro trabajo que le permita darse pequeños lujos como su pequeña biblioteca y tiempo de lectura.

A veces, en Época de cerezos, la violencia sistémica se retrata desde espacios romantizados como la historia del migrante que desentonan con algunos de los otros cuentos, especialmente aquellos de carácter fantástico. En el cuento que abre el libro, titulado “En algún sitio de esta casa”, se narra la historia de un hombre que será desalojado de su vivienda y sufre una crisis de nervios. La tarde del desalojo, el personaje compra una botella de vino que bebe mientras espera a que lo saquen con todo y sus cajas. El timbre del departamento suena y, en lugar de la mudanza, aparece un chico desconocido que ignora al inquilino. Poco a poco el departamento se va llenando de gente que no hace nada más que ocupar el espacio hasta que el inquilino baja por otra botella de vino, el reactor estalla y vuelve a casa asustado. Uno a uno de los desconocidos comienza a salir del departamento ignorando el posible peligro del accidente nuclear. La historia termina como empezó: sin mucho qué hacer, el protagonista continúa bebiendo vino y ahora piensa en su hija.

Esta no es la única historia donde Baeza crea un ambiente absurdo y lleno de espectros, recursos que le sirven para escribir sobre violencia. En el cuento que cierra el libro y que además le da el título, Julián—el protagonista de esta historia—le explica a su pareja el por qué de su reacción ante la noticia de que esperan gemelos. Si bien el lector no sabe exactamente cómo fue la reacción de Julián, si sabemos que hace tiempo Julián tuvo una experiencia siniestra con una gemela en un lugar alterado por un desastre nuclear y en una casa llena de fantasmas. Con este cuento que me recuerda a “El huésped” de Amparo Dávila o Aura de Carlos Fuentes, Baeza reflexiona sobre la dificultad de narrar el pasado, la violencia y el trauma. 
Cierro esta pequeña reseña con una cita de uno de los personajes que habitan el mundo imaginado en Época de cerezos. En el cuento “No hay goliat”, el dueño de una pequeña mercería constantemente acechada y saqueada por ladrones dice lo siguiente: “Creíamos en la plusvalía de esa palabra con la que nos venden la modernidad a quienes no nos acostumbramos a ver el paso del tiempo en los ladrillos de nuestras casas”. Si alguna vez las plantas nucleares fueron símbolo de la plusvalía en México, los cuentos aquí reunidos advierten sobre los peligros de acostumbrarse a los ritmos del tiempo, especialmente a épocas de cerezos y supuestas modernidades.