La escritura de Giuliana Kiersz construye paisajes abiertos y desolados donde el espacio es vínculo, pulsión y pregunta. En sus textos —situados en los bordes entre la dramaturgia, la poesía y el relato— los personajes carecen de nombre, las coordenadas se borran y la acción se sostiene sobre una inestabilidad deliberada. Más que narrar una historia, Kiersz ensaya una teatralidad del pensamiento: una poética que vacía la psicología y desarma las lógicas narrativas tradicionales para abrir otras formas de libertad, a veces insoportables. Luces blancas intermitentes propone una experiencia de lectura donde el lenguaje, el gesto y el silencio dialogan, y donde la escritura se vuelve una forma de habitar el mundo desde la incertidumbre, el deseo y el borde.