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Hablemos, escritoras.

Vindictas. Cuentistas Latinoamericanas. Un estallido que produce movimiento.

Episodio 215 Reseñas

03/29/2021 | Hablemos escritoras · Francesca Dennstedt

“Vindictas nos reafirma en la convicción de que no podemos abandonar la lucha permanente para exigir sociedades igualitarias”"

Hoy los invitamos a escuchar sobre la antología Vindictas. Cuentistas Latinoamericanas (UNAM, Páginas de espuma, 2020), un libro que recopila 20 cuentos de 20 autoras latinoamericanas que han sido desplazadas del canon, cuentos que, puestos en retrospectiva, nos cuentan otra historia y otras formas de entender la literatura latinoamericana. La reseña es por parte de Fran Dennstedt investigadora en literatura latinoamericana en Southern Illinois University-Carbondale. Los invitamos a escuchar y leer la reseña completa. Disponible en los Estados Unidos en Shop Escritoras.


¿Cómo estudiar y leer una literatura que de antemano está tiene un sesgo ideológico? Algunas de nosotras hemos desarrollado el hábito de contar cuántas escritoras hay en las antologías que han definido a la literatura Latinoamérica. A veces lo hago como una actividad sin mucha importancia, para probarme en números —es decir, en materia cuantificable y siguiendo una metodología objetiva— y ver cómo sistemáticamente se borra a las escritoras de la historia literaria. Estos números, a veces, me provocan risa, y otras, un pequeño estallido que me mantiene de mal humor por algún tiempo. A veces, me recrimino el buscar nombres y asociarlos a una concepción binaria del género. Pero la costumbre queda. Por ejemplo, tomo de mi librero la celebrada antología de Seymour Menton, El cuento hispanoamericano, y manteniendo la ilusión binaria del género, encuentro que la antología tiene 33 escritores de los cuales el 9.09 porciento son mujeres, es decir tres, de las cuales dos están catalogadas en la sección de feminismo y violencia. Esto es un ejemplo del sesgo que hay a la hora de leer, publicar y estudiar la literatura latinoamericana. También nos habla del esfuerzo que implica encontrar y leer escritoras: seguir una pista o rumor, visitar la librería de viejo, la emoción, leer. De este esfuerzo colectivo, nos hablan Socorro Venegas y Juan CasaMayor en el prólogo de Vindictas. Cuentistas Lationoamericanas, y del estallido que provoca repasar nombres, proviene una acción que culmina en una pieza que da tributo, que se convierte en resguardo y venganza. Eso es Vindictas, la posibilidad de rectificar el daño.

Para quienes nos escuchan frecuentemente, sabrán que el proyecto Vindictas y los nombres de Socorro Venegas y Juan CasaMayor no son ajenos. Vindictas es un proyecto que apuesta por recuperar escritoras que han quedado fuera del alcance de los lectores. La colección inicia con 7 volúmenes que recuperan memoria y novela de escritoras nacidas entre 1928 y 1940. Vindictas. Cuentistas, es el primer libro que abre la colección de cuento. Son veinte autoras provenientes de 20 países latinoamericanos, nacidas mayoritariamente entre los años treinta y cincuenta del siglo XX y que publican en la segunda mitad del siglo XX. Quiero decir, escritoras que publicaron en una época donde la profesionalización de la escritora era bastante limitada y, sin embargo, sus textos dejan ver que eran escritoras formadas. Los cuentos de esta antología se distinguen por su calidad estética y temático, así como en la manera que retan la fórmula chejoviana, que dice que en el cuento ningún elemento debe sobrar, sino que todo debe ser relevante. Como la metáfora de “que si aparece un clavo en la primera página, de ese clavo debe colgarse el personaje”. Este es el caso de “Nadie llama de la selva” de la cubana Mirta Yáñez, un cuento corto donde aparecen muchos clavos como insinuando que alguien ha de ahorcarse en alguno de ellos. Pero la circularidad del texto no termina con el personaje colgado en ninguno, sino por lo contrario, todos quedan vacíos, que atenta contra la supuesta idea de que el cuento, como lo dice Julio Cortázar, es como una fotografía que encierra un momento. Yáñez parece quemar esa fotografía, y en los bordes que se incineran, en ese movimiento de lo que se consume, escribe el hilo conductor de la trama.

Otro cuento que me gusta por su ritmo y afectividad es “Reunión”, por la escritora ecuatoriana Gilda Holst y dedicado a Simone de Beauvoir, que narra la historia de una mujer cuyo olor es tan fuerte que produce arcadas. Este olor que se percibe como asqueroso, se conecta con la voz de la narradora sugiriendo una metonimia entre la voz de la mujer que, dentro de la sociedad patriarcal, es considerada desagradable. El cuerpo se permea como uno de los hilos conductores de Vindictas: un cuerpo-territorio lleno de memoria colectiva. Por ejemplo, en “La sangre florecida” de la escritora paraguaya Susy Delgado. Aquí es el cuerpo de la abuela—personaje principal del cuento—el que se presenta justo como eso: un cuerpo-territorio que recuerda los abusos del patriarcado y de la colonia. En este cuento, la abuela termina por matar al hombre golpeándolo con un mazo, cansada de violencia y de una tierra que produce mucho menos que lo necesario para vivir.  De ese hartazgo de la violencia patriarcal colonial, nace una flor de la tierra y dice la narradora: “Fue entonces cuando ella arrancó la flor del madero hediondo en que había brotado y se la puso en el pelo, sujetándola con las trenzas, como en sus mejores tiempos de kuñakaraí agraciada” (116). A veces el cuerpo recuerda, otras veces la memoria falla. Este es el caso de “Una perfecta desconocida” de la nicaragüense Mercedes Gordillo, donde una mujer llama a su casa y se responde a ella misma y no. Una mujer, que es ella y no, una perfecta desconocida que ahora ocupa su casa.

Ya lo dicen Venegas y CasaMayor, el cuerpo de la antología es el cuerpo de ellas y la metodología es trabajar con una memoria colectiva que no tiene que ver con cuotas de género sino con desestabilizar, cuestionar y con la convicción de leer escritoras para romper con el sesgo que se nos ha heredado. Para que no tengamos que contar nombres. Me gustaría cerrar repitiendo algo que dicen las antologadoras: “vindictas no viene a ocupar todo un territorio, sino que es una señal a seguir”, exhumar la luz, iluminar el camino desde el esfuerzo colectivo. En Vindictas. Cuentistas Latinoamericanas el lector no solo encontrará cuentos extraordinarios con ilustraciones de Jimena Estíbaliz sino que sentirá el esfuerzo y las ganas de querer cambiarlo todo. Y ese estallido, ese esfuerzo, produce un movimiento, el momento de ser vindictas.