Hablemos, escritoras.

El contrapoema y el diálogo. Delta de sol por Lucía María Treviño .

Episodio 255 Reseñas

08/16/2021 | Hablemos escritoras · Francesca Dennstedt

me desgarro el cuerpo en estar viva/ sólo existe la supervivencia / como un pequeño animal / avanzo milimétricamente / y esta mente hormiga carga moronas de un lenguaje descomunal"

Hoy los invitamos a escuchar y leer una reseña sobre el poemario Delta de sol Dharma, 2020) de la escritora mexicana Lucía María Treviño, contrapoema que responde desde nuestro presente y desde un cuerpo político femenino a Piedra de sol de Octavio Paz. La lectura es de Fran Dennstedt, Southern Illinois University-Carbondale. 


“Tú, árbol bien plantado y siempre distante: / ven y camina este vacío que olvidaste / ríe, vuélvete la curva / avanza, retrocede, pero hazlo / disuélvete, sucede” escribe la escritora, editora y tallerista mexicana Lucía María Treviño (CDMX, 1983) en su primer libro de poemas Delta de sol (Dharma, 2020). Este libro es un contrapoema que responde a cada uno de los versos de Piedra de sol (Tezontle, 1957) obra del escritor y diplomático Octavio Paz. Publicado solo bajo el nombre de Lucía María, en Delta de sol, la poeta se apropia y entra en diálogo con Piedra de sol para situarlo en un contexto histórico diferente —el del presente— y desde un cuerpo político femenino. Y es en esta idea del diálogo donde me gustaría centrar mi lectura del libro de Lucía María, en la línea de lo que Maricela Guerrero y David Rojas han señalado en su lectura crítica de Piedra de sol, incluida en el libro compilado por Gabriel Wolfson Se acabó el centenario. Según los autores, el poema de Paz es un monumento que “pugna por la novedad, la ruptura y la creación de un canon vertical, progresista y jerárquico en el que se trata de demostrar algo…para sobresalir, destacar y mostrar una superioridad”. En el caso de Delta de sol se trata de un ejercicio donde el yo lírico establece un diálogo con Paz no para demostrar sino para cuestionar, reclamar y exigir otras respuestas.

Intentar quebrar un monolito inquebrantable —como lo es para algunos la figura de Octavio Paz— no es tarea sencilla. El reto inicia en la transcripción verso por verso de los 584 endecasílabos (los seis últimos no se cuentan porque son idénticos a los primeros y ahí el poema vuelve a comenzar), que en la obra paziana responden a lo que Venus tarda en darle la vuelta al sol. En contraste, y tal y como la autora lo ha explicado en su entrevista con Adriana Pacheco, Delta de sol está conformado por 687 versos, que simbolizan el número de vueltas al sol de Marte. Mientras que en el libro de Paz, el poema es una larga línea sin interrupciones—no hay puntos finales solo comas, dos puntos y otros signos de puntuación que no rompen con los versos—en el de Lucía María la primera parte está escrita en endecasílabos, la segunda en verso libre y la estructura del poema no es cíclica, sino que se desborda y no concluye. También hay interrupciones que se manifiestan visiblemente con los juegos tipográficos del texto: tachaduras, cursivas, interrogativas que no cierran. 

Ambos libros contienen una nota explicativa. En Paz es breve escrita con la frialdad y seguridad de quien no busca entablar un diálogo; en el libro de Lucía María, es un epílogo que describe los motivos y las dudas de la poeta frente a un texto tan canónico como Piedra de sol, así como el proceso de su producción desde las condiciones materiales y emocionales por las que ella y la obra pasan. Resalta, además, el carácter colaborativo de su escritura donde la escritora Sara Uribe interviene, sugiere y alienta. Lucía María explica que el libro es el resultado de una conversación con la autora de Antígona Gonzáles (2012) y del trabajo editorial de Dharma Books. 

Escribir este contrapoema desde el diálogo, según mi lectura, se debe al contexto sociopolítico desde el cual el yo poético se posiciona: “Ciudad de México, 2018 / en Bellas Artes una sinfonía: / mujeres vivas marchando las calles / exigen su derecho a ser humanas”. El feminismo de ahora invita a la comunidad y propone que el trabajo de deconstruir al patriarcado es un trabajo de diálogo colectivo. En diversas entrevistas, la autora señala que el poema no se trata de “una tesis doctoral del método”, sino que se apoya profundamente en las voces de otras mujeres y también de algunos hombres para llegar a escribir “un delta de sol que se abre”, es decir, para romper el ciclo de Paz y re imaginar un tiempo que no se repite ni de manera lineal ni circularmente. Quizá sea un tiempo utópico pero lleno de vida y esperanza. El método dialógico del poema es otra vuelta de tuerca a la escritura paziana. Piedra de sol es un monólogo que no concede réplica, una voz que acapara el discurso y se pretende a sí misma como universal. Dice Maricela Guerrero: Piedra de sol “ordena, arguye, describe e impera, no dialoga […] es un texto que sintácticamente privilegia la subordinación”. En el contrapoema Delta de sol no es así. Se establece un diálogo basado en la duda, en tachar, corregir, preguntar, en las dos columnas que permiten que el lector vea el reto lingüístico y retórico de la obra. 

Delta de sol nace de las constelaciones afectivas que la poeta siente al leer versos de Paz como “el mundo ya es visible por tu cuerpo, / es transparente por tu transparencia” o más adelante “voy por tu cuerpo como por el mundo, / tu vientre es una plaza soleada, / tus pechos dos iglesias donde oficia / la sangre sus misterios paralelos”. En esta voz lírica, tan característica de la obra de Paz, la mujer se presenta como un cuerpo sin deseo, apolítico, que no disiente ni cuestiona, un territorio a recorrer. Si este cuerpo llega a hablar –como lo hace la figura de Eloísa en Piedra de sol– solo es para confirmar el deber de la voz lírica de regular al cuerpo femenino que siempre está en conflicto. Por otro lado, Lucía María deconstruye paradigmas en donde milenariamente la mujer ha sido representada como objeto del deseo del hombre. Y la poeta dice: “y mi cuerpo es una bestia moribunda muriéndose de / ira ladrándole a la mar”. Aquí la rabia puede ser un momento de peligro pues nos deja vulnerables, pero también es la potencia de otro tiempo posible, de aventurar nuevas respuestas y con ellas abrazar la promesa emancipatoria: liberar a Eloisa de su destino como árbol petrificado, convertir la ira en un terreno pedagógico, estético, sensible y político. 

Me gustaría cerrar esta reseña señalando que en Delta de sol hay una voluntad para hacer de la poesía un género literario accesible para todas y todos, al estar registrado bajo la licencia de creative commons, acto que reconoce lo difícil—ya sea por razones económicas o de distribución—que puede ser acceder al libro-objeto. Además, el epílogo antes mencionado no solo ofrece una posible lectura de Delta de sol sino que habla del proceso de producción y de las dudas que siente la propia poeta al enfrentarse a un texto tan canónico como Piedra de sol. Me parece que esta nota explicativa también sirve para desmitificar la figura del poeta—aquel monolito que lo sabe todo—y la misma poesía como un género exclusivamente de la ciudad letrada. Dice Lucía María: “cualquiera con las condiciones en las que nació y creció Octavio Paz puede ser Octavio Paz”. Con esta declaración, el poeta deja de ser un mito excepcional y se invita a repensar la idea totémica de la escritura y su visión sobre lo femenino. Este guiño sugiere que en nuestro presente no se levantan monolitos, no se cierran círculos, ni se favorecen los monólogos. Solo así, quizá, las nociones violentas sobre feminidad no vuelvan a repetirse.  

Francesca Dennstedt, PhD. (Tijuana, 1988) trabaja como profesora e investigadora en literatura latinoamericana en Southern Illinois University-Carbondale. Tiene un doctorado en estudios hispánicos con una especialidad en estudios de la mujer, género y sexualidad. Su investigación se centra en el estudio de la producción cultural queer de mujeres en México.  Le interesa la construcción del canon, las teorías de los afectos y el feminismo latinoamericano, la literatura brasileña.