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Hablemos, escritoras.

Estéticas del antropoceno. Tres preguntas con Liliana Colanzi.

Episodio 287 Estéticas del antropoceno

11/28/2021 | Hablemos escritoras · Gisela Heffes

El desafío del arte y la literatura consiste precisamente en dar cuenta estéticamente de estos cambios."

Hoy van las tres preguntas que Gisela Heffes le hace a la escritora boliviana Liliana Colanzi sobre los cambios que el antropoceno produce en el planeta y sobre qué la anima a escribir su libro Nuestro mundo muerto. Reflexionemos juntos con ellas en esta importante conversación.


La escritora y catedrática boliviana Liliana Colanzi contesta tres preguntas que le plantea Gisela Heffes y nos hace reflexionar entre otras cosas sobre el discurso de la especie y su categorización jerárquica de todo lo viviente.

1.    Frente a los cambios que el Antropoceno va produciendo en el planeta y las crecientes alteraciones geológicas que los humanos estamos provocando, ¿cuál es el rol de la literatura y el arte, y es posible (o no) dar cuenta estéticamente de estos cambios?

El desafío del arte y la literatura consiste precisamente en dar cuenta estéticamente de estos cambios; no hay excusas, claro que es posible. Para eso creo que la literatura de la irrealidad está incluso mejor preparada que la realista. Por ejemplo, uno de los problemas narrativos que confrontamos es la diferencia de escala: la vida humana es corta, pero el tiempo del cambio climático se puede medir en eras geológicas. Esa diferencia la ha abordado ya la ficción especulativa a través de recursos como viajes en el tiempo, o narradores superomniscientes capaces de abarcar mucho más tiempo y espacio que el tradicional narrador onminisciente de la novela realista. No digo que el realismo no lo pueda hacer, pero la violencia lenta y el tiempo profundo de las alteraciones geológicas son elementos que pueden ser contados a partir de la versatilidad de registros narrativos de la ficción no realista (un ejemplo notable es La compañía, de Verónica Gerber, que se enfrenta a este tema desde el horror). Ese tipo de literatura hace tiempo que ha descentrado al humano y se preocupa de su relación en pie de igualdad con los animales y las plantas; estoy pensando, por ejemplo, en toda la obra de Ursula LeGuin, pero también en la de Marosa di Giorgio o la de Leonora Carrington.

2.    ¿Cómo visualizar, además de la crisis planetaria y el imaginario escatológico, nuevos mundos o mundos alternativos, tal como lo proponen escritores como Margaret Atwood, cuando señala: “Las utopías van a volver porque tenemos que imaginar cómo salvar el mundo”?

Me interesan las historias sobre metamorfosis, que son historias que ponen en cuestionamiento el discurso de la especie y su categorización jerárquica de todo lo viviente. En esos cruces de umbrales donde las especies se mezclan, en que lo humano no está separado de lo animal, en que el tránsito hacia lo animal no produce fobia y terror sino liberación, existe un potencial utópico, otra manera de entender la naturaleza que no sea desde el antropocentrismo, desde la preeminencia de lo humano encarnado en un hombre blanco y occidental. 

Obviamente, no todas las historias sobre metamorfosis son iguales. En “Un fenómeno inexplicable”, de Leopoldo Lugones, hay un inglés en la pampa argentina que ve con espanto cómo su sombra tiene la figura de un mono; en esta historia, el colonizador se convierte en bárbaro al dejar la civilización europea. Pero hay otros cuentos en los que el paso hacia lo animal significa resistencia y liberación: pensemos, por ejemplo, en el cuento “Isis”, de Silvina Ocampo, protagonizado por una niña que tiene discapacidad mental y que huye de su confinamiento convirtiéndose en un animal; en “Mi tío el jaguareté”, de João Guimarães Rosa, un hombre enviado a la selva para “desjaguarizarla”, y abrir camino para la llegada del progreso, termina aliado con los jaguares, a quienes llama sus parientes; en “La debutante”, de Leonora Carrington, la joven que es obligada a debutar en sociedad recibe la ayuda de una hiena disfrazada de persona —su doble— para evadir ese ritual social que constriñe a las mujeres a roles muy limitantes. En todos estos casos el tránsito hacia lo animal revela la posibilidad de otro orden de cosas. 

Las literaturas indígenas también poseen ejemplos maravillosos de esas relaciones fluidas con otros seres vivos. Por ejemplo, estos versos del poeta boliviano-guaraní Elías Caurey: