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Hablemos, escritoras.

El lugar donde crece la hierba de Luisa Josefina Hernández.

Episodio 261 Reseñas

09/06/2021 | Hablemos escritoras · Alejandra Márquez

Estoy acongojada por algo más triste que la congoja misma"

Hoy nos acercamos a la extraordinaria habilidad dramática y narrativa de Luisa Josefina Hernández, que si en sus obras de teatro es magnífica, en su novelística adquiere una dimensión distinta. Alejandra Márquez, catedrática en Michigan State University, reseña El lugar donde crece la hierba, novela que la Universidad Veracruzana publicó por primera vez en 1956. Con esto nos abre la oportunidad a conocer a una escritora que puede considerarse a la altura de escritoras como Rosario Castellanos, a quien dio clases en la UNAM y de saber de la bellísima edición en la Colección Vindictas-UNAM y la introducción de la escritora Ave Barrera. La protagonista del libro, acusada de robo, vive confinada en la casa de un extraño, lo que da pie a una reflexión profunda y muy íntima que la protagonista pone por escrito en un cuaderno dirigido a un destinatario concreto: su primer amor, y con este ejercicio confesional da cuenta de su vulnerabilidad ante los hombres que aparentan protegerla, pero que de modo inexorable la van anulando hasta cerrar sobre ella los muros de una prisión de la que solo podrá escapar por medio de las palabras. (Tomado de la página de Vindictas). Disponible para Estados Unidos en Shop Escritoras


Publicada originalmente por la Universidad Veracruzana en 1959, como bien explica Ave Barrera en su introducción para la reedición de la colección Vindictas, El lugar donde crece la hierba de Luisa Josefina Hernández (Ciudad de México, 2 de noviembre de 1928) es una de las varias novelas escritas por su autora. A pesar de ser más reconocida como dramaturga que como novelista, Hernández fue galardonada en 1982 con el Premio Xavier Villaurrutia por Apocalipsis cum figuris. Sin embargo, como bien ha señalado Barrera, su obra novelística, al igual que la de muchas otras mujeres, se ha visto invisibilizada por razones de discriminación de género. De ahí que, dada la misión del proyecto Vindictas, Hablemos Escritoras se complazca en reseñar su creciente repertorio de obras, siendo la primera de estas reseñas la de Francesca Dennstedt sobre la antología Vindictas. Cuentistas latinoamericanas.

Y es que leer y releer el trabajo de estas autoras, quienes nos ayudan a pensar en una suerte de genealogía de escritoras, supone el placer de sentirnos (re)descubridoras de joyas literarias. Una no puede más que imaginarse la mezcla de satisfacción y congoja descrita por Barrera en su introducción a la novela de Hernández en su búsqueda de la obra y al saberse una de sus pocas lectoras, satisfacción por el descubrimiento y congoja por la tristeza que despierta saber que la novela no ha sido valorada como lo merece a pesar de su calidad literaria. 

Pese al silencio en torno a su novelística, Luisa Josefina Hernández es una figura imprescindible en la dramaturgia mexicana, pues sus obras teatrales —de forma similar a la de su contemporánea, Rosario Castellanos— retratan la condición de la mujer en México. Formó parte de una importante generación de intelectuales egresados de la Universidad Nacional Autónoma de México como la propia Castellanos, Emilio Carballido y Jorge Ibargüengoitia, entre otros. En la máxima casa de estudios se desempeñó también como docente, además de ser la primera mujer nombrada profesora emérita. Como profesora contribuyó a la formación de escritores como José Emilio Pacheco, José Luis Ibáñez y Juan García Ponce. En 2006 el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura la condecoró con la Medalla de Oro Bellas Artes. Estos son solo algunos de los reconocimientos y logros de Hernández que demuestran el importante lugar que merece ocupar dentro de las letras mexicanas.

El lugar donde crece la hierba trata de una narradora cuyo nombre desconocemos y quien ha sido acusada de robo. Para protegerla de las autoridades, su esposo, Patrick, la esconde en casa de su amigo Eutifrón. Sin embargo, la historia se configura a través de una larga carta que la protagonista escribe a su antiguo amante, Enrique. Aunque, hasta aquí, la historia pareciera simple, la pluma de Hernández teje una trama compleja que cuestiona las relaciones humanas y la gama de sentimientos de la que somos capaces. Para quien lee el texto pensando en el vacío que ha dejado en nuestra literatura la deliberada ausencia de escritoras, la novela ofrece una reflexión en torno a la infantilización de la mujer. Esto, debido a que la narradora no sólo se encuentra a merced de los hombres, sino que al llegar a casa de Eutifrón es relegada al cuarto de los niños, a quienes nunca conocemos a lo largo del texto. Asimismo, desde el comienzo de la obra queda clara la falta de agencia de la narradora, pues son su esposo y Eutifrón quienes se hacen cargo de esconderla sin consultarle detalles, al mismo tiempo que este último le acaricia la cabeza a la mujer de forma paternalista y condescendiente e incluso, en alguna ocasión, ella se refiere a su anfitrión como su dueño. Carente de nombre y de poder de decisión, la trama sigue siendo vigente puesto que sirve como muestra de los múltiples obstáculos a los que nos hemos enfrentado y continuamos enfrentándonos las mujeres.

A la infantilización y vulnerabilidad de la protagonista se une la sensación de encierro. Y es que leer por primera vez la novela en tiempos de confinamiento hace que ésta impacte a sus lectoras de forma distinta. Sobre este aislamiento, Barrera apunta que “La historia que se narra en estas páginas da cuenta del modo lento e implacable en que se enzarza la hiedra que va recluyendo al personaje en una prisión hecha de miedo, precariedad, nulificación, desamor y abandono: de impiedad” (9). A pesar de que la protagonista se refugia en casa de Eutifrón para evitar ir a prisión, su escondite se convierte cada vez más en una cárcel, pues no puede salir por miedo a ser descubierta y se encuentra constantemente a merced de sus interacciones con él. 

Más allá del encierro físico, la prosa de Hernández transmite una creciente sensación de claustrofobia e incertidumbre a quien la lee. Esto sucede, en parte, debido a la intimidad que despierta en nosotros que el texto sea parte carta, parte diario. A pesar de que la narradora escribe con Enrique como destinatario, al final no le entrega el diario/carta, sino que se lo da a Eutifrón, rompiendo así con lo que esperamos de ella. Vemos, así, un cambio en su relación con los hombres de su vida: la carta a Enrique jamás se entrega, su matrimonio con Patrick se desmorona cuando éste le confiesa no amarla, y su relación con Eutifrón nunca es del todo clara, pues el hombre dice no ser ni su amigo ni su enemigo. 

Sin embargo, es a partir de la misma escritura que la protagonista experimenta una especie de catarsis a partir de la autorreflexión y consigue llegar a su liberación, decidiendo así, finalmente, entregarse a la policía como una forma de decidir sobre su propio destino. De este modo, El lugar donde crece la hierba sirve como una pertinente introducción a la colección Vindictas, pues no solo se trata de un texto que tardó décadas en encontrar a su audiencia, sino que también es una reflexión en torno a la escritura, la soledad, el encierro y la agencia femenina.

Alejandra Márquez, PhD. (CDMX, 1988) es profesora asistente de literatura latinoamericana en Michigan State University. Tiene un doctorado en letras latinoamericanas en University of North Carolina at Chapel Hill en 2018. Su enfoque es género y sexualidad, crónica en América Latina, representaciones de violencia de estado en la literatura mexicana, cine LGBT latinoamericano, y estudios queer en Latinoamérica.